Estamos asistiendo a una pérdida creciente del poder adquisitivo de nuestra moneda. Los precios, patrón de intercambio, no reflejan el valor de las mercancías. Frente al peso dominicano, las opciones en moneda más estables lo son el dólar y el euro. No se trata de dolarizar o eurorizar, sino de auxiliarse de un mecanismo de transacción el cual refleje el valor arbitrario o convencional de las mercancías. El sector comercial y la población en general sienten, de forma cruda, el empobrecimiento, con la depreciación de la moneda local en que se encuentra el volumen actual de su liquidez. La economía se ha construido en base a postulados lógicos, en donde afirmamos categóricamente que los valores patrios no necesariamente coinciden con los valores mercantiles.
Dolarizar no es el caso actual de la economía dominicana. Este hecho es un proceso racional que no forma parte de las características actuales de nuestra economía. Así presenciamos una economía referencial, cuyo valor o precio se establece a partir de una referencia estable, el dólar frente al peso dominicano.
Acostumbramos a este entorno económico paralelo o referencial, el dólar o el euro, que no hacen del diario vivir una pesadilla de nunca acabar.
Dolarizar no es el caso actual de la economía dominicana. Este hecho es un proceso racional que no forma parte de las características actuales de nuestra economía. Así presenciamos una economía referencial, cuyo valor o precio se establece a partir de una referencia estable, el dólar frente al peso dominicano.
Acostumbramos a este entorno económico paralelo o referencial, el dólar o el euro, que no hacen del diario vivir una pesadilla de nunca acabar.
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